viernes, 2 de septiembre de 2016

Crónica viernes 19 de agosto: secuestrados mientras dormían

  • por Erika Leiva, Fabiana Cruz y Hugo Díaz para el Diario del Juicio
Los imputados, de derecha a izquierda, José Ernesto Cuestas (tapándose la cara), Julio Cesar Meroi y Manuel Rubén Avila.
PH Elena Nicolay


Esta semana se reanudan las audiencias en las que se juzgan los delitos de lesa humanidad cometidos durante el periodo conocido como Operativo Independencia. El jueves 1 de septiembre, la sala del Tribunal Oral Federal (TOF) volverá a ser el escenario donde se reconstruya lo ocurrido hace más de 40 años. Cada declaración, cada testimonio se sumará al entramado de eso que, todavía, espera por justicia.

A lo largo de 22 jornadas pasaron ya más de un centenar de testigos. El viernes 19 de agosto fue la última audiencia que se sustanció en el edificio de calles Chacabuco y Crisóstomo Álvarez. Allí el pedido de justicia sumó siete nuevas voces. Los primeros en declarar lo hicieron por los secuestros de Barbeito Ysidoro Ferreiro, Juan Jesús Ríos, Pastor Dante Campos y Zenaida Victoria Brito. De este grupo de víctimas, Zenaida fue la única que recuperó su libertad.

Más allá de las descripciones que hizo cada testigo sobre lo sucedido, lo que vieron en determinados casos; todos los dichos tuvieron un pequeño punto de encuentro, tal vez no tan significantes para algunos pero sí para otros. Son esos detalles los que no se borraron de ninguna de las memorias de los testigos. Recuerdos que sobrevivieron a pesar del tiempo, de las amenazas y los miedos sufridos: “Estaban vestidos de verdes, y con armas”, coincidieron los testimonios. “Entraron y se los llevaron de la casa”, advirtieron dejando claro que no hubo un campo de batalla.  Estas frases se convirtieron en icono del terror vivido en carne propia por miles de argentinos, familias enteras con la marca del terrorismo de Estado durante la década del 70.

Diego Luis Ferreiro, hermano de Isidoro, comento como se enteró recién, aproximadamente en el año 1982 de la desaparición y muerte de su hermano. También recordó cómo su padre había realizado varios trámites por intermedio del Consulado Español para poder saber el paradero de Ysidoro. Entre las declaraciones siguientes, le continuó la de la señora Nancy Beatriz Brito, hija de Victoria Zenaide Brito y Juan Jesús Ríos. Victoria y Juan Jesús fueron llevados detenidos en julio de 1975, con tres días de diferencia, al centro clandestino que funcionaba en la ex Escuela Diego de Rojas conocido como ‘La Escuelita de Famaillá’ donde estuvieron en cautiverio.

Nancy Beatriz Brito tiene 42 años. Contó que su padre era jornalero y fue secuestrado en el año 1975 en su domicilio en Curva de los Vega. Hasta ahora es poco lo que se sabe de él. Victoria fue secuestrada días después, encerrada y torturada durante dos semanas. Nancy, quien era muy chica en aquel entonces, quedó a cargo de sus abuelos paternos que la cuidaron hasta que tuvo nueve meses de vida. Luego de ese tiempo volvió al lado de su madre que “vivía siempre con temor” y por lo tanto no podían residir en lugares fijos. La testigo contó que recién a los seis años volvió a ver a su abuela quien le dijo que nunca deje de buscar a su padre. Así fue como Nancy  debió investigar por sus propios medios y encontró en la agrupación H.I.J.O.S. quien le brindara la contención y las herramientas para poder seguir en su búsqueda. De esta manera se pudo constatar que Juan Ríos había sido llevado a la Escuelita de Famaillá, al igual que su vecino desaparecido  Segundo Oscar Porven.

Victoria Zenaida Brito contó que en repetidas ocasiones iban a buscar a su pareja e intentaban armarle causas por drogas y armas, pero él nunca se encontraba allí. Cuando finalmente dieron con Juan Ríos, lo obligaron a desnudarse y salir de su domicilio para que se lo llevaran. La mujer cuenta que los hombres mencionaban que recibían órdenes de Albornoz.

La testigo de 69 años contó que días después fue secuestrada junto a su hermano Mario Salvador Brito. Según precisó fue en la madrugada del 28 de Julio de 1975. Entre sus captores describió a un morocho alto de barba y bigotes. No pudo decir con certeza si llevaba peluca pero sí pudo identificar una tonada porteña. “Te vamos a hacer de goma si seguís hablando”, le decían cuando preguntaba hacia dónde los llevaban. Ambos fueron trasladados a la Escuelita de Famaillá.

Victoria fue arrojada con los ojos vendados a un cuarto, ahí fue reconocida por Nora Abdala quien le contó que no llevaba vendas en los ojos y que por eso podía verla. Nora era militante, llevaba siete meses de embarazo, había sido fuertemente torturada y tenía pérdidas de sangre, también le contó a Victoria que ya no sentía los latidos de su bebé.

A Victoria le sacaron la venda de los ojos únicamente para tomarle seis fotos de frente y perfil. Un hombre encapuchado fue quien hizo el trabajo. “Él dijo que no le tenía miedo a los subversivos porque los mataba”, recordó. La testigo contó que durante su encierro tenía mucho miedo, inclusive de hablar ahí dentro. Era constantemente golpeada por los militares “me gatillaban en la cabeza todo el tiempo”, dijo y agregó: “me pateaban y me decían: ‘te vamos a matar hija de p’”. También señaló que escuchaba todos los días llegar gente nueva al lugar: “‘otro fiambre’, decían”.


“Le pedía a Dios que me salve de las garras de esa gente perversa”

En relación a su libertad dijo que luego de 15 días de cautiverio la tiraron cerca de un molino, en unos cañaverales. “Te pongo en libertad pero cerrá la boca porque si no te vamos a desaparecer a toda la familia. Y a vos primero”.

Victoria también agregó que en el año 1997 tuvo que empezar a ir al psicólogo porque se estaba enfermando y fue ahí donde se animó a hablar por primera vez.  Tenía mucho miedo y aún tiene miedo por ella y por sus hijos. Su hermano actualmente tiene problemas renales y una enfermedad terminal, su estado de su salud mental también se ve afectado.

Finalmente concluyó que nunca más tuvo noticias de su pareja Juan Jesús Ríos. Ella fue perseguida después de que obtuvo la libertad y además le costaba conseguir trabajo.  En casi todos los lugares la despedían luego de conocer sus antecedentes. En aquellos momentos difíciles “ni mi familia me quería recibir”

Cuando fue el turno del testigo Mario Salvador Brito (hermano de Victoria) ambas partes resolvieron que el mismo sea atendido por personal médico debido a que no se encuentra en óptimas condiciones físicas y psicológicas para prestar declaración. De este modo su testimonio fue suspendido.

(La testigo Victoria Zenaida Brito argumenta en contradicción con los dos siguientes testimonios, que Pastor Dante Campos fue secuestrado en el año 76)

Santa Clotilde Orellana, de 70 años es vecina de Villa Carmela desde hace muchísimo tiempo. La mujer dio testimonio de lo que le ocurrió a su cuñado Pastor Dante Campos y a Juan Jesús Ríos, primo de Pastor.

Una noche del año 75 llegaron hombres encapuchados en un camión, portaban armas y estaban vestidos de verde. Ingresaron a la casa y se llevaron a Pastor Campos  y a Juan Ríos.

A continuación de la testigo le siguió su esposo  Jesús Luis Campos, hermano de Pastor y primo de Ríos.  Al igual que su esposa, Luis contó que se llevaron a los dos hombres. Supone que a él no le hicieron nada porque en ese momento era muy joven, tenía 15 años. Jesús declaró que 10 o 15 personas se acercaron al domicilio, hicieron que todos los que se encontraban allí salieran de la casa y que adentro sólo quedaran Pastor y Juan. No sabe si los golpearon pero comentó que se escuchaban quejidos adentro. Jesús dice que jamás volvió a ver a su hermano.

En relación a su padre Antonio Serafín Campos, contó que fue secuestrado en el año 76 y que luego de tres largos años de detención en Ushuaia fue liberado y al poco tiempo falleció.

La última testigo de la mañana fue Hilda del Valle Campos, hermana de Pastor Dante Campos. Hilda contó que Dante fue secuestrado de su casa de Curva de Los Vegas cuando ella tenía aproximadamente cinco años de edad. Entre lágrimas la mujer conto que “lo sacaron por un agujero en la pared, lo golpearon y le taparon los ojos”. A su padre de crianza Napoleón Ríos (quien es a la vez su tío) le quebraron la costilla. Luego de esa terrible noche, Hilda contó que no pudo averiguar nada sobre ellos.

De esta manera, el viernes 19 de agosto tuvo lugar un capítulo más de recuperación de nuestra memoria. Nuevas voces, mismos culpables.

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